Recoleta


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Sin lugar a duda, este es el barrio más elegante de toda la ciudad. La opulencia de sus casas simbolizan el esplendor de la aristocracia Argentina. Existe un lugar de encuentro para los turistas y porteños que tienen interés en el diseño y estética internacional. Durante el día se recomienda tomar un paseo por los jardines de Plaza Francia, donde todos los fines de semana se puede disfrutar de bailarines, estatuas vivientes, artistas callejeros y tarotistas. En la adyacente Buenos Aires Desing, los turistas pueden encontrar distintos souvenirs y gran variedad de restaurantes. Otra de las áreas de interés que se ubican en los alrededores de Plaza Francia son el Centro Cultural Recoleta, el Palais de Glace ó Salón Nacional de Artes Plásticas y el famoso Cementerio de Recoleta.

Historia

El barrio debe su nombre al convento de los Recoletos Descalzos (fundado en 1716), de la comunidad de los Frailes Recoletos. Estos monjes construyeron su monasterio en una pequeña granja ya existente, que fue nombrada por la abundancia de una especie de árbol llamado “Los Ombúes” en el lugar. (esta pequeña granja se encuentra dentro del mapa de la tierra distribuida por Don Juan de Garay en 1583). A pesar de que la iglesia tenia la denominación “de los Recoletos”, hoy en día está consagrada a la Virgen del Pilar. Fue un vendedor Aragonés (un tanto contrabandista), llamado Narbona, que después de prestar interés en el proyecto de los sacerdotes Recoletos se unió a la causa y propuso la construcción de la iglesia. La iglesia se terminó de construir el 12 de octubre de 1732, ese día no sólo las autoridades eclesiásticas acudieron a la inauguración, sino que también lo hicieron autoridades civiles y militares. En ese tiempo, no existian otros edificios que pudieran opacar la nueva iglesia, fue realmente inimaginable pensar que años después este lugar se convertiria en uno de los mejores lugares de Buenos Aires, y que albergaría los mejores bares, restaurantes y hoteles. La iglesia muestra una serie de bellas imágenes sagradas (como la de San Pedro de Alcántara y la Crucifixión de Cristo) y un antiguo portal de plata hecho a mano. En sus bóvedas descansan los restos de numerosas personalidades, fallecidas antes de la existencia de una ley que prohibiera el entierro de personas dentro de los templos. El cementerio de Recoleta surgió junto con la iglesia como una tierra santa. Durante el gobierno de Rivadavia, el cementerio fue expropiado y transformado en el cementerio del Norte, manteniendo el mismo nombre. Muchas de las grandes personalidades del país están enterradas ahí (menos Rivadavia que lo creó y los Zavaleta Dean que lo consagró). Debido a la aparición de un saladero y un matadero de ovejas en la zona, las grandes quintas se fueron poblando de ranchos a lo largo del río. Algunas veces gracias a la crecida del río venían algunos camalotes (tipo de planta acuática) y yaguaretes (especie de cocodrilos). Hacia 1770, la planificación de las propiedades rurales al norte del actual parque San Martín, se regularizó. Fue diseñado en un ángulo de 45 grados con respecto al plan original establecido por Juan de Garay al sur del barrio. En ese entonces era una zona de pequeñas granjas unidas por una calle larga e irregular (actualmente es la avenida Quintana). El río alcanzó el borde del barranco, cubriendo las tierras donde hoy en día se encuentra el Museo Nacional de Bellas Artes. El 30 de marzo de 1830 fue creada la parroquia bajo la invocación de su Santa Patrona. El convento anexado, tuvo distintos usos además del original: fue cárcel de los presos políticos, asilo y hospital. La zona de Recoleta fue poblada como consecuencia de la epidemia de 1871 (peste y fiebre amarilla) que afectó a las familias más acaudaladas, que fueron forzadas a dejar sus residencia en el sur y trasladarse hacia los sectores norteños. La consolidación definitiva se dió gracias al trabajo del intendente Torcuato de Alvear que, al construir la avenida Alvear esta se llenó rapidamente de suntuosos palacios. Usando la tierra de las excavaciones de Puerto Madero, se pudo construir parques, jardines y transformar los pantános en una de las zonas más elegantes de la ciudad.